Hace un poco más de 4 meses mi vida cambió. Intenté algo de lo que no estaba del todo convencido de intentar y que hoy en día estoy seguro fue uno de los mejores consejos que he recibido. Esto tan maravilloso se llama LiveLife.

Odio las dietas, siempre las odie. Las hice todas buscando recuperar un peso “ideal” el cual dejé de tener como a los 12 años, cuando empecé a engordarme y a comer desaforadamente. Un sobre peso que fue en aumento y que con el correr de los años, en silencio y sin darme cuenta pasé de ser un niño extremadamente flaco y tímido a ser “el gordo”,  el amigo querido del salón.

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Aunque me veía feliz y estuve siempre rodeado de amigos, había algo que no me cuadraba. Ser “el gordo” es aburrido. Las chicas no te miran  tanto y casi siempre eres el mejor amigo de todas, nunca el novio. Cuando salía de paseo me daba pena meterme a la piscina sin camiseta y vestirme me tomaba horas mientras decidía, frente al espejo,  que ponerme,  pensando en lo gordo que estaba. Terminaba por ponerme siempre los mismos pantalones anchos y las mismas camisas grandes de siempre. Cualquier cosa que me ocultara. Hasta en Cartagena usaba chaqueta de jean.

Cuando digo que hice todas las dietas no miento. Atún y piña, la de solo proteínas, balines en las orejas, la South Beach Diet, etc. Todas recomendadas por mis amigas y porque en mi casa las hacían todas. Cuando se acercaba la época de vacaciones y se venía el momento de ir a la playa, el menú de la casa cambiaba radicalmente.

Pasarela cartagenera = dieta.

Fui siempre un deportista activo, practique fútbol, ultímate Frisbee y monté bicicleta desde que me acuerdo. Pero a pesar de esto, nunca lograba bajar de peso. Al ejercicio se le suman varios intentos de rutinas aeróbicas y suscripciones carísimas en los gimnasios de moda, donde solo iba a alzar pesas de vez en cuando, a las zonas húmedas y sobre todo a hacer vida social. Entiendo que hay muchas personas que les funciona ir a un gimnasio pero definitivamente no son una opción para mí.

Tuve años buenos y años malos. Hubo temporadas en las que me proponía cuidarme y lo lograba durante algunos meses. Es cierto que los hombres bajamos mucho más rápido que las mujeres; es una realidad, entonces los resultados se veían inmediatamente. Hacía mucho ejercicio y comía poco, casi que me sometía a periodos de ayuno prolongados considerando que el problema radicaba en el consejo de “cerrar el pico” . Creo que hasta considere la bulimia cuando oí hablar en qué consistía.

Esos periodos de pérdida de peso eran periodos felices pero nunca duraderos. Siempre fueron efímeros. No entendía por qué después de algún tiempo, volvía al peso anterior y con regularidad hasta ganaba algunos kilos de más. Era desconcertante ver que después de haberme sentido bien y verme en el espejo, y sentirme feliz, pasado algún tiempo estaba de nuevo en el punto de inicio, sintiéndome miserable e incapaz de cumplirme a mí mismo. Me sentía derrotado y la comida se volvía un refugio. En una ocasión, como en el año 2001, llegue a pesar 107kilos. Ese fue el mayor peso en el que estuve.

Ms o menos en noviembre del año pasado (2014), mi novia me contó sobre  una nutricionista a la que iba una amiga de ella y que ella había estado pensando ir a echarle un vistazo para que le contaran como era la dinámica. Recuerdo oír la historia y pensar que era otra de esas “dieticas” de revista o de libro de supermercado, con la celebridad sílfide en la portada en la que te prometen el cielo y la tierra. Confieso que fui bastante escéptico.

Cuando volvió de esa primera consulta, me contó muy emocionada como era la dinámica y en qué consistía el plan de acción. Me pidió ayuda con los menús, ya que tengo algunas habilidades cocinando, y me pidió apoyo en ese nuevo emprendimiento. Con todo el

gusto, nos pusimos manos a la obra. Cabe anotar que mi escepticismo seguía latente, hablándome en mi cabeza, “esto no va a funcionar,” “es una pérdida de tiempo.” Como dije antes, odio las dietas.

Pasaron las semanas de esta nueva dinámica de levantarse temprano y preparar el desayuno para los dos antes de ir a trabajar, basándome en las recomendaciones del programa de LiveLife. Poco a poco empecé a ver los cambios en la actitud de mi novia. Se veía radiante y llena de energía, mucho más que de costumbre. ¿Era cierto lo que veían mis ojos? Según entendía hasta ese momento, ella no tenía que esforzarse en demasía. Con el programa, tenía toda la libertad en lo que comía, nunca pasaba hambre. Hacia unas rutinas de ejercicio por las mañana como recomendación de la nutricionista y aunque eran bien temprano, vi que algo empezó a cambiar. Ya no era el escepticismo el que me rondaba la cabez. Sentí curiosidad.

Un día, mi novia me contó que había hablado con la nutricionista quien le había dichoque  estaba armando un equipo para entrenar para la media maratón de Bogotá. Ambos eramos corredores, pero unca nos habíamos tomado la corrida en serio. El equipo consistía en hacer un entrenamiento de tres meses en el que habría rutinas de ejercicio y un acompañamiento por parte del equipo de LiveLife. Había una convocatoria abierta al público para un  número limitado de personas.

Entrenamiento? Dietas? Rutinas? Yo creía que no era para mí, que no tenía tiempo. Además, ir a hacer ejercicio con desconocidos, en un parque de la ciudad? De noche? Entre semana? Aburrido pensaba yo…pero ella insistía.

Fueron varias semanas de intentos de convencimiento, “dale, puede ser chévere,” “volvemos a correr juntos”, “no le tienes que hablar a nadie si no quieres,” y así, mientras mi cabeza jugaba un partido de ping-pong entre,  ” si, puede ser” y  “me da mucha mamera.”

Al final de cuentas hice caso. Di un sí definitivo el cual resultó en aplicar para el equipo y hacer una cita con la nutricionista. Paquete completo, no había vuelta atrás.

Fuimos aceptados en el equipo y hubo una reunión grande. Algo más de 60 personas en un gran salón en una casa como por la 106, un video beam, un video  y muchas caras nuevas sonrientes. Se respiraba alegría en el ambiente. Yo estaba un poco incrédulo aún con todo esto que se me presentaba como algo maravilloso. Decidí poner buena actitud y darle la oportunidad.

Para la primera reunión me pidieron que llevara en un papel un mensaje con una meta o un propósito. El mío rezaba así:

 “Nobody can go back and start a new beginning, but anyone can start today and make a new ending.”

Días después tuve la cita con María Paula y me explico cómo funcionaba LiveLife y en qué consistía lo que empezaríamos a hacer desde ese mismo instante. El primer paso fue realizar unas sencillas recomendaciones y unas tareas simples para conocer un poco más sobre mis hábitos alimenticios y rutinas. Al final de la consultacomentó lo afortunado que era yo, ya que iba a poder tener un seguimiento al tiempo que estuviera entrenando.Ejercicio y nutrición, una excelente combinación.

En la siguiente consulta Ma. Paula me dió los resultados y fueron reveladores. Nunca nadie me había mostrado ni hablado tan claramente sobre el funcionamiento de mi cuerpo y sobre cómo lo estaba descuidando. Por primera vez vi que había variables a las que tenía que poner mayor atención y que estaba al borde de empezar a tener problemas serios que podían afectar mi salud.

La buena noticia era que estaba en el lugar correcto y que la solución era muy amigable y no me exigía dejar de comer nada ni someterme a comer chicharrones y embutidos 24 horas al día durante el resto de mi vida.

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Llevo siguiendo las indicaciones que me dio “la Profe” como le digo de cariño a María Paula durante los últimos  4 meses y el resultado ha sido de no creer. He bajado de peso sustancialmente con la rutina alimenticia, de la mano del entrenamiento del equipo HIT-It de LiveLife. Me he hecho más fuerte, mucho más fuerte.

Aprendí a comer de una forma saludable, sana y sin restricciones, aprendí el valor de la amistad, conocí gente maravillosa, gente que tenía los mismos miedos que yo de alguna manera. Ahora hago parte de un equipo con el que aprendí a correr, a romper los límites e imponerme nuevas metas.

Mucho más allá del peso ideal o la figura atlética y perfecta, siento que lo que he aprendido y ganado con todo este proceso tan maravilloso es a querer mi cuerpo justo como es y a no criticarlo. Aprendí que estoy en un proceso en el que estoy cambiando mis hábitos y  transformándome por fuera y por dentro.

Algo de lo que no estaba del todo convencido de intentar y que hoy en día estoy seguro fue uno de los mejores consejos que he recibido, me cambió la vida. Estoy sinceramente agradecido con LiveLife por enseñarme que nadie puede cambiar el pasado pero puede empezar a transformar su presente.

Estoy sinceramente agradecido.

José Luis Sánchez Caro

 

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