Un par de años después de empezar a trabajar comencé a tener frecuentemente dolores en el estómago por lo que decidí consultar a un especialista en el tema, visité por primera vez a un médico gastroenterólogo para encontrar la razón y la cura a mis dolencias. Para realizar el diagnóstico el doctor me prescribió un procedimiento bastante molesto e incómodo llamado endoscopia que arrojó como resultado que tenía gastritis y sufría de reflujo. La causa de mi enfermedad según el médico era malos hábitos alimenticios que se presentaron principalmente durante mi época en la universidad donde varias veces por lograr llegar a tiempo a clase de 7 de la mañana no alcanzaba a desayunar. Lo anterior me producía hambre el resto del día a pesar que comiera continuamente. Otro de los malos hábitos consistía en comer más de lo que mi estómago podía recibir y en algunas ocasiones por las noches después de una salida a rumbear, es decir, “me podía más el ojo que el estómago”.

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Conociendo ya mi diagnóstico sobre mis dolencias estomacales, comencé a tomar conciencia de la importancia de la alimentación pero sin mucha orientación dado que la asesoría del gastroenterólogo, que a partir de ese entonces se convertiría en mi médico de cabecera, se limitaba a que grupo de alimentos debía consumir para mejorar mis gastritis, cuales alimentos debía evitar consumir y cuales acciones no debía realizar. Por el tema del reflujo y la gastritis debía realizarme controles con cierta frecuencia en los que se encontraba la tan fastidiosa endoscopia y citas de control con el médico. En una de las visitas me mandaron exámenes de colesterol, triglicéridos y de transaminasas para hacerme un chequeo general. Todos los exámenes salieron bien dado que siempre he practicado algún deporte o he hecho ejercicio 3 veces por semana, sin embargo, los exámenes de las transaminasas arrojaron una advertencia sobre el estado de mi Hígado, algo no estaba bien.

Para descartar cualquier causa sobre los resultados observados en el examen de las transaminasas me enviaron exámenes de hepatitis y ecografía abdominal. Todos estos resultados salieron positivos por lo que el médico concluyó que debía bajar un poco de peso aunque no tuviera sobrepeso y mi índice de masa corporal IMC se encontraba dentro la zona normal. Por lo anterior, decidí aumentar la cantidad de ejercicio que realizaba semanalmente, especialmente aumentar las veces en que salía a correr. También decidí inscribirme en un gimnasio reconocido de la ciudad y recibir asesoría en la alimentación para lograr bajar de peso lo más pronto posible. Dentro de la asesoría alimenticia se me recomendó disminuir el consumo de harinas y frutas y consumir mayor cantidad de proteínas pues según la teoría: “a mayor masa muscular mayor consumo de calorías y por ende mayor quema de grasa”, debía aumentar mi masa muscular y para ellos debía consumir mayor cantidad de proteínas. La recomendación del entrenador fue consumir proteínas en polvo que se venden en tarros y que pueden encontrarse en cualquier tienda naturista o deportiva y de las cuales existen una gran cantidad de marcas, sabores y clases. Adicionalmente se me envió una dieta sofisticada con menús que difícilmente iba a preparar y la cual era de uso general tanto para hombre y mujeres sin importar características como la edad, la actividad física y estatura entre otros.

Durante varios meses tuve que elegir entre el consumo de harinas o el consumo de frutas y aumentar el consumo de proteínas, lo cual era muy fácil para mí debido a que me encanta la carne, principalmente la carne de res. Logré bajar un par de kilos por lo que creí erróneamente que mis exámenes del hígado mejorarían. Para mi sorpresa los resultados fueron más desalentadores, en lugar de mejorar empeoraron y para mi médico fue muy fácil decirme que sufría de hígado graso, noticia que me negué a aceptar, por lo que comencé a buscar otra respuesta en diferentes fuentes. Indagué bastante por internet, a través de las redes sociales seguía a personas involucradas en el tema del fitness y la salud, y fue entonces cuando descubrí un grupo de especialistas en nutrición llamado Live Life Nutrition, el cual comencé a seguir muy juiciosamente tanto en las redes sociales como en su página Web y participaciones en programas de televisión dedicados a la salud y bienestar. Después de unas semanas llamé para solicitar información sobre sus asesorías y me explicaron en qué consistía el plan de asesoría, lo cual aumentó aún más mi interés en lo que ofrecían y pronto solicité una cita con uno de sus especialistas, la Doctora Mariana quien aparte de su asesoría en nutrición me ha dado tips para los entrenamientos y competencias de running.

En la primera cita con la Doctora Mariana me explicó sobre la personalización de la asesoría y sobre el estudio mis comidas, gasto calórico y sueño durante 3 días. Una vez realizado el estudio me explicaron la estrella de bienestar, mis aciertos y fallas en mi alimentación, como debía estar compuesta mi alimentación en macronutrientes (carbohidratos, grasas y proteínas) y muchas cosas más interesantes. A partir de ese momento, mi alimentación tomaría mucho color, dejaría el consumo de proteínas en tarro y disminuiría el consumo de proteínas animales las cuales ya eran elevadas y podrían estar afectando a parte de mis riñones, también el hígado. El consumo alto de proteínas podría ser la causa de los malos resultados en los exámenes de las transaminasas, lo cual corroboraría más adelante. La dieta, que mejor llamaré estilo de vida saludable, aparte de estar diseñada a mi medida, era muy fácil de llevar a cabo pues me establecía la cantidad y ración de diferentes alimentos que yo podía elegir dentro de mis gustos y alcances para consumir diariamente. No debía gastar ni tiempo ni dinero en alimentos o menús sofisticados para lograr cumplir con el programa de alimentación. Las compras del mercado se llenaron nuevamente de frutas y verduras, comencé a prepararme deliciosos Smoothies para acompañar las comidas o tomar después de una sesión de ejercicio, mi alimentación aparte de ser colorida era muy divertida.

A la semana de empezar con el programa de LiveLife y en el primer control empezaron a verse los buenos resultados, había bajado de peso, mi porcentaje de grasas se había reducido sustancialmente y aunque el consumo de proteínas se había reducido mi masa muscular antes de haberse disminuido comenzaría a aumentar en los siguientes controles. Comencé a ver como los pantalones me quedaban grandes, mi energía era mayor y como mi barriga iba a desapareciendo. Estaba muy contento con mis nuevos hábitos alimenticios ya que podía comer lo que me gustaba, dentro de las porciones que podía comer se ajustaba un ponqué Ramo que desde niño siempre me había gustado y que acompañado de un café calientico le daban a mis tardes de trabajo la energía perfecta para terminar mis labores. Me sentía más liviano externa como internamente, era más fácil para mí completar las jornadas de entrenamiento de running. Después de 2 meses de haber iniciado el programa en LiveLife y haber bajado más de 6 kilos, me realicé nuevamente los exámenes de las transaminasas con el pensamiento muy positivo de obtener mejores resultados. Hay 2 exámenes que miden las transaminasas, de los cuales el Alamino Amino Transferrasa (ALAT – TGP) era mi dolor de cabeza pues mis resultados eran 52.60 y 65.50 U/l para el examen con consumo alto de proteínas y consumo adicional de proteínas en polvo respectivamente. El valor de las transaminasas deben estar en un rango entre 0.00 – 41.00 U/l, y como se puede ver ante el aumento en el consumo de proteínas se había empeorado. Ahora bien, los resultados con la reducción en el consumo de proteínas fue de 37.93 U/l, una reducción sustancial en tan solo 2 meses de una alimentación balanceada. Una nueva ecografía abdominal confirmó que no sufro de hígado graso lo cual celebré con un Smoothie de piña y leche de coco.

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Estoy feliz y agradecido con la asesoría de LiveLife, comprendí el mal que hacen los entrenadores que recomiendan el consumo de proteínas en polvo sin un estudio previo y conocimiento válido en nutrición. La mejor alimentación también ha mejorado el tema de la gastritis y reflujo. Finalmente, con mi nuevo peso podré mejorar el rendimiento en las carreras, lo cual podré verlo en las próximas competencias a las que asistiré este año.

Oscar Cortés

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