24 de enero de 2016… El día en que la Dra. Mariana Andrade culminó uno de sus más grandes sueños, su primera maratón. Hoy nos cuenta minuto a minuto su fascinante e inspiradora experiencia!

Sonó el despertador a las 4:30 am… luego de pasar una noche desastrosa por los nervios y la ansiedad en donde no creo haber dormido más de 3 horas me levanté, desayuné y me arreglé para bajar a mi carril de salida. En el camino me encontré un par de amigas hasta que por fin llegué al carril G donde todo comenzaba. Me advirtieron que iba a estar frío pero nunca me imaginé que fuera a helar de esa manera; logre arrancar a las 6:25am aproximadamente.

mariandrade

Luego de los 3 primeros kilómetros ya estaba caliente e imparable, pero tratando de mantener el ritmo suave para no quemarme antes de tiempo. Los cruceros en la bahía, el hermoso amanecer y las palmeras hicieron que sintiera que era el mejor momento que había vivido! Me sentía dueña del mundo entero, entramos a Miami Beach y todo era perfecto, la gente animaba por montones y el clima era frío pero delicioso! Cuando volvimos a subirnos al puente de regreso a Downtown pensaba…esto está muy fácil, puedo terminar perfectamente pues ya casi llego a la mitad. En menos de lo que me imaginaba se dividió la calle en 13.1 y 26.2 y dije ok, es hora de volver a correr una vez más lo que ya corriste…fácil!

En el kilómetro 23 sonó una canción que me recuerda a mi hermano que no pudo acompañarme en esta increíble aventura y me inundo la nostalgia y las lágrimas empezaron a brotar… logre contener un poco la emoción y seguí adelante sin parar. Durante los siguientes kilómetros el ambiente cambió…había menos tumulto pero igual mucha gente…empezaba a ver personas muy adoloridas parando, estirando y caminando.

La gente salía de sus casas a darnos frutas y chocolates y ahí empecé a bajar el ritmo poco a poco. Sin embargo lo que me mantenía con fuerza era el pensar en todas las personas que me estaban apoyando. En todos los que me habían deseado lo mejor la noche anterior, pensaba en mis papás, en mi hermano, pensaba en la angustia de mi mamá que soñó toda la noche con la carrera, pensaba en mis amigos José y Nata, en Mary y Santi, en Juanis y Andrés, en las locas, en mi comunidad Live Life, en los pacientes que me llenaron de aplausos, en mis pacientes de las últimas semanas que me dieron todo su apoyo, en mis abuelos, en mis tíos y primos, en mis suegros y en toda la familia de mi esposo. Yo iba corriendo junto a mi esposo como siempre, el mejor pacer del mundo entero y quien en los pasados kilómetros siempre iba 3 metros adelante y yo empezaba a sentir que me iba quedando.

Pasando el kilómetro 25 ya íbamos al lado del otro, ya todo empezaba a doler y cada pierna sentía que pesaba 100kg.  Aproximadamente en el kilómetro 31 o 32 mi esposo paró, yo no entendía que pasaba, pero me vi corriendo sola. Entonces me devolví por él e intente que siguiera corriendo, pero él ya iba caminando, le agarraba la mano y le rogaba que siguiéramos pero él me decía que no podía más, que se sentía mal. Fue entonces cuando le dije: “todos nos sentimos mal! A todos nos duele! Ignora el dolor y sigamos!”. Salí corriendo y me soltó la mano, me devolví una vez más y seguí caminando con el…le rogué, le lloré pero no hubo respuesta alguna, así que me tocó sacar fuerzas de mi interior y dejarlo atrás! Nunca me había tocado hacer algo tan duro! El siempre ha sido mi compañero de carreras, de entrenos; ha sido mi apoyo, mi fuerza, pero hoy no podía renunciar a este sueño por él así que seguí corriendo lento pero seguro. Fueron pasando y pasando los kilómetros, cuando vi la milla 23 por alguna razón pensé que estaba llegando, pero no, faltaba lo más duro!

Más adelante en un punto de la carrera podía ver a los que iban unos kilómetros atrás pasando lo que yo ya había corrido y empecé a buscar a nacho, mi esposito entre los corredores. Hasta que por fin! Lo vi! Iba corriendo y me sentí feliz! Le grite “NACHO” varias veces pero no respondió. Entre nosotros pasaba una gran autopista y él iba con audífonos. Me sentí mucho más tranquila al ver que él había retomado con fuerza. En la milla 24 un colombiano se me acercó y me dijo “se quedó Nacho?” Y empecé a correr junto a él, iba con buen ritmo y me sentí presionada a mantenerlo. En muchos momentos quise bajarle pero el me ayudó mucho a seguir. Esas últimas 2 millas fueron eternas y cuando vi el letrero de 26 Millas empecé a buscar la meta pero nada, no se veía! Uno nunca piensa que ese 0.2 valga algo…pero lo es todo!

Y justo ahí vi al frente mío un puente y me dije “no puede ser!” Al subirlo el piso del puente te desestabiliza porque el terreno es diferente… metálico como en una especie de malla gruesa. Pero bueno! el último esfuerzo y por fin! Cruce la meta! Me sentí increíble! Fui por mi medalla, una botella de agua y una bolsa de comida que daban en el evento, al finalizar estaban mis papás en primera fila, esperándome. Gracias Dios, gracias esposito, gracias familia, gracias amigos y gracias comunidad Live Life por todo el apoyo!

Dra. Mariana Andrade

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Categorías: Bienestar, Nutricion

1 comentario

  • Pamela López dice:

    Wow Mari!. Me hiciste llorar con tus palabras, increíble. Nada mejor que cumplir tus sueños. Todo lo que en la vida genera esa satisfacción tiene obstáculos, decisiones difíciles y sentimientos encontrados. Que orgullo que hayan podido terminar los dos y ver los frutos de la disciplina y la motivación. Un abrazo!

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