Me atrevería a decir fácilmente que la mayoría de los “problemas” personales que siempre me aquejaron en el pasado fueron principalmente generados desde mi cabeza y mi forma de pensar. Hoy quiero compartir una historia que pocos saben, que tal vez mis allegados suponen pero la cual he comentado con menos personas de las que puedo contar en una mano.juan pablo andrade

“La autoestima”, puedo decir que es un nuevo concepto en mi vida, algo que creí tener en el pasado pero que realmente estuvo ausente u oculto desde hace mucho tiempo. Para muchos el aspecto físico no es lo más relevante, para otros es determinante. Me considero una persona a quien le interesa al menos tener una buena presentación personal, simplemente por mi propia salud mental más que porque necesite la aprobación de los demás. Cabe resaltar que vivimos en una sociedad que presiona constantemente la cabeza de las personas, nos sentimos forzados y es fácil decir que casi todas las personas hemos tomado decisiones o cometido acciones que probablemente no fueron decisión propia, sino simplemente por la presión de un tercero.

Hoy puedo decir libremente que el fitness me cambió la vida, tal vez aún estoy en un proceso que lleva tiempo, y que desafortunadamente para muchos el cambio no es de un día para otro.

Desde que decidí comenzar un proceso en Life Live por incentivo de mi hermana Mariana Andrade Zúñiga pensé que esta podía ser una oportunidad para cerrar un poco “el pico” y empezar de una vez por todas a tener hábitos alimenticios, no solo pensar en dietas absurdas ni en bajar treinta kilos en 1 mes. Entendí que era hora de ser paciente con mis objetivos y lograrlos poco a poco como debe ser, con constancia y perseverancia, algo que a decir verdad no eran de mis mayores virtudes.

De alguna forma debo aceptar que es duro aceptar que llegué a pesar 109 kilos, duele porque más que un número es una cifra preocupante para una persona como yo, que a pesar de medir un 1.85 m igual este elevado peso sigue siendo riesgoso a nivel de salud. Pero también debo aceptar que no llegue a Life Live pesando esa cantidad porque gracias a un buen amigo que aún conservo, había comenzado a ir al gimnasio dos años atrás con esa trillada esperanza de volverme muy musculoso. Y aunque por más que tuviera una hermana nutricionista y amigos que se cuidaban, para mí siempre fue algo muy complicado. Llegar al gimnasio, caminar 30 minutos en la banda, subir al segundo piso a hacer hora y media de pesas no suena nada saludable para una persona con obesidad, y fue algo que nunca quise ver.

En Life Live comencé un proceso inimaginable, aprendí a ser disciplinado por mí y para mí. Aprendí a amar el ejercicio, amar el cardio, amar los kilómetros, que aunque ya había comenzado a intentar trotar nunca pensé hacerlo en las cantidades que lo hacía mi hermana, entre semana y cada fin de semana con su esposo metiéndose en todas las carreras a la que se pudiera inscribir, todo un ejemplo.

Hoy me miro al espejo luego de haber bajado alrededor de 17 kilos (8 en Life Live) y no solo veo un cambio físico, veo un nuevo semblante, veo esa sonrisa que nunca le pude dar ni al espejo y muy pocas veces a una cámara. Escuchar a las personas que me rodean sorprenderse con el cambio, más que todo de actitud y confianza por encima de lo físico, (que igual es notorio) es motivo de orgullo. En mi mente llegó un momento en que me tatué la palabra “imposible” y tenía completa fe sobre ella.

Hoy me doy cuenta de lo equivocado que estaba, y qué mejor persona para demostrármelo que yo mismo.

Maria Paula Estela fue una persona imprescindible en este proceso de tolerancia y amor al deporte, demostrando un liderato absoluto, una entrega a su profesión y a su pasión.

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Yo puedo decir que la vida me entregó un ángel llamado Mariana Andrade Zúñiga, sangre de mi sangre, mi mejor amiga, mi hermana, mi confidente, esa persona que creyó en mi cuando más hundido estaba y que con paciencia y amor me ayudó a salir a flote. Pero lo que más valoro de ella es que esa misma entrega que tuvo conmigo a lo largo de los años, la tiene con cada paciente porque se le nota que ama lo que hace y que disfruta cambiando la vida de las personas. Es inevitable llegar al consultorio de ella y ver a las personas salir con una sonrisa de optimismo y confianza, esa confianza que muchas veces uno tiene enterrada y necesita una mano para sacarla a la superficie.

Le doy gracias a Dios y a la vida por la hermana que me dio y por poner en el camino de ella colegas que comparten su visión y que día a día les devuelven la esperanza a las personas, ya que eso es algo a lo que jamás se le podrá poner un precio.

Juan Pablo Andrade Z.

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