Poner la salud por debajo de otras metas en la vida  -así creamos que nos van a traer una satisfacción lo suficientemente grande como para compensar ese sacrificio– tarde o temprano sale mal. O, como dicen por ahí: “el cuerpo le termina pasando factura”.

En el último año, con la asesoría de LiveLife y el acompañamiento de buenos amigos en mi   proceso, he ido integrando a mi vida una que otra lección sobre esto. Aquí comparto diez de ellas:

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  1. El cuerpo nos pone alarmas que nos encanta apagar

Llegué a LiveLife en julio de 2015, preocupada y sobre todo buscando acompañamiento profesional. Me habían diagnosticado hipoglicemia y los síntomas que continuaban y se agravaban desde hace unos meses me decían que la hoja fotocopiada que me entregaron en la EPS con una “dieta” no iba a ser suficiente para salir de donde estaba.

Curiosamente hace mucho tiempo –tal vez unos años- me había rondado la cabeza la idea de ir a un(a) nutricionista –intuía que algo estaba haciendo mal con mi alimentación pero como no había pasado nada grave en realidad (“solamente” a veces mareos y dolor de cabeza relacionados con largos periodos de ayuno), entonces nunca había tomado esa decisión.

Todos deberíamos escuchar un poco más a nuestro cuerpo y a eso que parece ser la intuición (o el sentido común) y preferimos ignorar. Porque es más fácil ponernos al límite y porque lo hemos normalizado; porque es una opción saltarse comidas por el afán y salir a exigirle al cerebro y al cuerpo lo que nuestro trabajo y estudio demandan.

Tuve que esperar a despertarme un día, hace un año, sin suficientes fuerzas para levantarme de la cama a hacerme algo de comida –lo cual sabía que era necesario para poder tener fuerzas, pero  era un círculo vicioso: no tenía energía para moverme, ni siquiera para ir a la cocina, y así seguía agotándose la energía…

Seguro habrá “alarmas” peores pero ese día para mí fue el “fondo” después de meses de tener una serie de síntomas (dolores de cabeza, mareos, náuseas, cansancio) que se empeoraban a veces después de comer y en otras ocasiones en periodos largos de ayuno.

Por recomendación de dos amigas llegué a LiveLife con la expectativa de que me escucharan y me ayudaran. Así fue. Hoy no solo ya no tengo síntomas asociados a la hipoglicemia sino que, junto a otros procesos personales, he empezado a ser más consciente de la importancia de mi bienestar

  1. Los cambios pueden ser más sostenibles si son graduales y si vienen desde dentro hacia afuera

Lo más difícil puede ser llegar al hábito de tener un estilo de vida sano y mantenerlo. Pero esto solo ocurre cuando uno lo integra en su vida, como práctica, y en el camino, cambia su forma de pensar. Cuando esto pasa ya uno ni lo nota. Un buen indicador de esto es el momento en que uno ni se da cuenta de que está “esforzándose” por eso –porque se convirtió en parte de su vida. Y aún más, ¡lo disfruta!

  1. Es buena la constancia y la disciplina, pero también hay que ser pacientes (o “no darse tan duro”)

Sí, a veces no se puede todo perfecto (los ‘n’ intercambios, las 8 horas de sueño, la rutina de ejercicio) –y a veces se siente muy difícil. Lo importante es no perder de vista el balance general y tener en mente lo que es realmente importante para uno. Para mí un pilar clave es mantener una alimentación balanceada, variada y adecuada. Así que a veces, si hay que escoger (por falta de tiempo, por ejemplo), para mí esto va primero.

  1. Estar presente y consciente en el momento (awareness)

Esta es la lección que más trabajo me cuesta. Hacer las cosas por hacerlas y contra todo (por ejemplo, salir en bicicleta o correr así uno esté cayéndose del sueño y del cansancio, mientras uno va pensando en las otras mil cosas que tiene que hacer) puede ser riesgoso (una lesión o una caída por falta de atención o afán son lo mínimo). La clave es hacer lo que realmente podemos hacer en ese momento. Si estamos comiendo… estar comiendo (el celular puede esperar). De nuevo, como en el punto anterior: ¡a veces es difícil!

  1. Con la alimentación, lo clave es la variedad y “todo entra por los ojos”… pero también ir ensayando poco a poco

Vale la pena ser creativos y disfrutar del proceso probando cosas nuevas. Pero cuando haya algo nuevo, vale la pena probar poco a poco. Comprar cantidades industriales de lo que sea que dicen que es genial, sin saber si a uno le va a gustar, puede ser contraproducente (o se daña o termina uno comiendo de eso 3 semanas y pasa del entusiasmo a la fobia). Y sí, ayuda un montón que se vea “bonito” lo que uno se va a comer. O como dice una amiga “hacer una fiesta de sus restricciones”.

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  1. Tener un estilo de vida saludable no es necesariamente costoso ni demanda mucho tiempo –pero si lo fuera, ¿no es la mejor inversión?

Saludable no siempre es sinónimo de costoso o complicado. Pero si nos cuesta, realmente creo que es el gasto más justificado, porque creo que nadie puede decir que con el tiempo o el dinero que se ahorró en comida o asesoría podrá comprar lo que sea que termine perjudicado.

  1. Internet es un buen recurso –pero sabiendo escoger qué y cómo usarlo.

A veces uno lee el super ‘tip’ en internet –consejo a menudo descontextualizado– y termina embarrándola. La asesoría profesional y personalizada realmente es importante. Un ejemplo de esto es el consejo de la mantequilla de maní como fuente de proteína o las ideas de “no comer nada de X ó Y”. Todos los grupos alimenticios son necesarios pero en las proporciones que cada cuerpo, estilo de vida y metabolismo necesita. Y esa justa medida no suele estar en internet. Hay que usar los recursos que existen para facilitarse la vida, pero no tomar todo lo que hay sin filtro.

  1. Más colores en el plato son un buen indicador.

Además de que estéticamente luce mejor el plato, de verdad son más nutrientes y más vitaminas. Sí, los suplementos vitamínicos son buenísimos, ayudan… ¡pero no suficientes!

  1. Los espacios sociales y el trabajo: sin volverse un paria culinario pero tampoco acomplejado

Cambiar un estilo de vida y de alimentación puede ser aún más difícil si los contextos social y laboral marcan pautas totalmente contrarias. Aquí sí creo que vale la pena dejar de lado algunos prejuicios sociales, sin que eso implique descortesía (por ejemplo, por no comer exactamente lo que todos están comiendo y en las cantidades que les sirven). De nuevo: el balance es clave. Por ejemplo, si por temas de trabajo o estudio los horarios de comida son inmanejables, uno puede tener que ajustar los tiempos y porciones para que lo uno no vaya en detrimento de lo otro. O si se trata de un evento social (y dependiendo de las restricciones y posibilidades de cada uno) también es válido llevar algo rico para compartir con todos. Y si hay que llevar lonchera, mejor eso a desgastarse de malgenio por el hambre o incluso comer algo que es perjudicial para uno.

  1. En últimas, lo importante será el balance: ese lo encuentra cada uno, tiene que ver con cómo se siente su cuerpo y realmente es un proceso continuo…

Definitivamente escuchar lo que el cuerpo nos dice es clave. No a todo el mundo le sirve lo mismo. Así que encontrar ese balance es un proceso muy personal, que implica tensiones, resistencia, avanzar y a veces echar para atrás. Pero también cuando se logra ese balance, o mayores niveles de éste, vale la pena: ahí es menos probable que algún evento o cambio lo desestabilice a uno por completo. También ayuda mucho contar con asesoría profesional e informarse bien. Pero el proceso sólo se hace sostenible cuando es uno mismo el que logra integrar los cambios como hábito a través de la práctica. Ah, ¡y también cuando lo disfrutamos! Finalmente, se trata de la salud y el bienestar de cada uno…

 

Los testimonios de nuestros pacientes no son publicidad, son la forma de mostrarle a la comunidad que el BieneStar se alcanza de muchas formas, y que la alimentación no hay que verla con ojos de dieta. Ellos son el reflejo de los tres pilares de nuestra comunidad. Los testimonios son reales, redactados por cada paciente que acepta compartir su historia para inspirar a otros sin intervención o restricción de Live Life Nutrition en el contenido del mismo.

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